El lobo está ahí (aunque no puedas verlo).
De las tantísimas cosas que estoy aprendiendo estos meses mientras me documento para mi novela, quizá una de las más importantes sea que acercarse al lobo ibérico en libertad no significa necesariamente verlo. De hecho, lo más habitual es no hacerlo. No lo sabemos, pero puede que un lobo haya cruzado horas antes por el mismo camino por el que tú caminas ahora. A veces nos ha dejado alguna señal, a modo de consolación, la mayoría de las veces ni siquiera eso. Pero el lobo está ahí. Aunque no lo veamos. Y quizá sea eso, esa distancia, la que debemos aprender a respetar. La necesidad de encontrarlo Nos ha tocado vivir una época en la que si una experiencia no se capta en una imagen o un vídeo, parece que no nos emociona. Necesitamos esa prueba gráfica para que los demás sepan que sí lo hemos vivido y nos perdemos demasiados momentos de vida. Pero como le digo a mis niños, la naturaleza no posa para nosotros. Hay que abrir los ojos, los oídos. Hay que abrir el alma. Y siento deciros que el