Ya no soy esa santa inocente

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La mayor inocentada que me colaron fue hacerme creer que no era capaz.

 

Y eso que mis padres siempre me habían dicho todo lo contrario, que si yo me esforzaba, podría lograr todo lo que me propusiera. Así lo sentía de niña, y así lo seguí sintiendo años después.

Luego llegaron los bromistas por el camino, esos que se burlan de la gente diciendo que solo a los ricos se les permite vivir felices, que solo a los famosos, sea por lo que sean conocidos, se les reconocerán sus méritos. Lo mismo ocurre si no vienes de alta cuna, esos guasones nos llevan engañando mucho tiempo con esas mentiras que dicen que solo son buenas familias las que penden de un linaje concreto.

Pero a esos mentirosos, se les acabó la guasa:  los he descubierto. De nuevo creo en lo que mis padres me dijeron, y ahora tengo que encargarme de que nadie tome el pelo a nuestros hijos. Nuestro camino será más o menos sencillo, es vedad, y tendremos menos atajos quizá,  y más obstáculos que saltar, pero que a su vez nos harán más fuertes.

Que me vengan a contar tantas milongas como quieran. Ya no soy esa santa inocente. Ahora sé que nadie podrá impedir que alcance mis sueños.

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