Memorias de Sevilla (un maratón visto desde el otro lado)

Hola, ¿cómo te va?

¿Con algún reto a la vista? Si es así, lucha por él. Y aunque parezca que el camino se desvía, nunca dejes de perseguirlo.

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@_r4fun_ Fotografiando la salida

Si algo he aprendido en la vida es que las cosas no siempre suceden como queremos. Y lo que estoy aprendiendo de nuevo es que a veces lo no esperado, también nos puede hacer felices.

Yo creía que estaría recuperada para correr el maratón de Sevilla, pero no fue así.

Cuando a poco más de dos semanas del Maratón de Sevilla tuve que decidir que no lo correría, lo primero que pregunté fue ¿podemos anular el viaje? La misma persona que me animó a correr de nuevo un maratón después de un bache de salud, esa persona, la especial, la que me acompaña en cada instante, como excepción, me mintió. Me dijo que si no íbamos a Sevilla perderíamos todo el dinero. Su dinero, vaya, porque me lo había regalado él. Bendita mentira.

Pensé que sería mejor ir a Sevilla otro fin de semana, pero no era verdad.

En un principio yo no tenía ninguna intención de ver el maratón. No os voy a mentir. Cuando íbamos por las calles de Sevilla, me iba fijando en las zapatillas de la gente, mientras decíamos: “Este corre mañana, este no”. Y yo quería ser de los que sí.

Pero después dejé de mirar los pies de la gente para contemplar el espectáculo que es Sevilla, que no hacía sino hacer que me sintiera más y más afortunada por la persona que estaba a mi lado. Disfrutamos del color de la ciudad, ese tan especial. Hablábamos sin parar (yo un poco más, lo admito), nos abrazamos siguiendo la línea verde que el domingo guiaría a los corredores. Caminamos, vaya si caminamos. Nos fotografiamos aquí y allá, y hasta el mismo Guadalquivir se unió a nuestros postureos.

Creía que al recoger el dorsal lloraría de rabia, pero no fue así como sucedió.

Cuando llegamos a la Feria del Corredor, quedaba poca gente por allí. Sólo estaban los rezagados, o aquellos como yo, que ni siquiera correrían. No tuve que esperar ninguna fila. Nos acercamos a la voluntaria y cuando ella me entregó mi número sucedió: Memorias de África. Lloré, sí. Pero no por la rabia de recoger un dorsal que no iba a utilizar, sino porque en aquel mismo instante estaba sonando una melodía que me mueve todo por dentro y me hace soñar. Escuchábamos Memorias de África, y él y yo sonreímos. Aquella música me recordó que incluso mi mayor sueño, viajar a África, tuvo que esperar muchos años. Y que una vez que logré llegar allí, superé con creces lo que tantas veces había imaginado: la recorrería, la correría, y los chicos de Esprinta África correrían junto a mí en aquella tierra.

Fue escuchar Memorias de África y saber que mi historia con el maratón no había acabado.

Creía que ir a ver el maratón sería una tortura. Pero una vez más me equivocaba.

sevilla ultimo

Foto: @_r4fun_

 

Como si fuéramos a correrlo, madrugamos la mañana del domingo. Nos dirigimos hacia las proximidades de la salida, envueltos por la marea humana de corredores y acompañantes. Era maravilloso escuchar a los atletas hablar entre sí, contándose cómo se sentían, que esperaban. Pero más maravilloso fue verlos correr sus primeros metros. Caras de miedo, de ilusión, caras que calculaban, caras que sonreían, caras petrificadas. Y otra vez, tratando de descifrar la historia de cada uno de ellos, las lágrimas me hicieron una visita.

Fuimos siguiendo el recorrido, animando a cada uno de sus participantes. Dejándonos las manos aplaudiendo, las voces jaleando y los ojos por descifrar los nombres en los dorsales y poder así llamar a los corredores por su nombre.

Las caras nos quemaban del sol, y los pies de movernos de un lado a otro. Rostros desconocidos que nos sonreían o nos levantaban el pulgar. También buscábamos otras caras conocidas por la redes sociales, pero que era la primera vez que las veíamos, e ir descubriéndolas en aquella estela multicolor nos llenaba de alegría.

Definitivamente ver un maratón desde el otro lado era un espectáculo. El público animaba a propios y extraños. Abuelos, niños, perros, al otro lado de la cinta. Los corredores, sus piernas al límite. Gente caminando que decidía volver a correr tras nuestros ánimos. Voluntarios corriendo su propia maratón para que todo fuera posible.

Sentados y unidos de la mano vimos entrar a los primeros atletas al estadio. Y unidos de la mano, seremos nosotros quienes cruzarán la meta de nuevo.

1 Comentario

  1. Fernando

    Estupendo post, me ha encantado leerte, gracias por compartir sentimientos tan maravillosos!!

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