Grease y otros clásicos

Acabo de ver Grease, y me sigo haciendo las mismas preguntas que me hice cuando la vi por primera vez (supongo que hará unos treinta años ya de eso).

En primer lugar, no logro entender cómo a una chica, Sandy, que después de pasar un verano supuestamente maravilloso con un chico, Danny, y este finge no conocerla cuando por casualidad se reencuentran en el instituto, sigue interesándose por él.

Tampoco consigo hacerme a la idea de que en una visión divina llamen cateta y puta (perdón pero es así como la llaman), a la amiga de la protagonista, Frenchy.

Qué decir tiene cuando Kenickie durante el baile del instituto simula dar un par de bofetadas a Cha Cha y el espectáculo continúa como si nada.

Y hablando de Cha Cha, todos recordaréis, estoy segura, el momento en que John Travolta no se inmuta cuando ella se cuela como su pareja de baile, y se llevan a la fuerza a Olivia Newton John.

Y ¿qué pasa cuando Marty dice de pasada que el madurito Vince Fontaine ha intentado echarle una aspirina en su bebida? Pues qué va a pasar, otra vez nada. Solo que la fiesta continúa.

Y el colofón final -seguro que me dejo muchas más- viene cuando es Sandy quién finalmente decide cambiar su imagen, e incluso empezar a fumar, para agradar a ese que reniega de ella durante toda la película. Sí, sí, algunos me diréis que el también intenta hacerse deportista para gustarle a ella, pero…¿quién da el paso definitivo? La misma que en mi opinión debería haberle mandado bien lejos al inicio de la historia.

Pero si hubiera sido así, no habría existido Grease, y tampoco muchas otras tantas películas que ya son clásicos para nosotros

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