El Día de la Paz y la indignación de una madre

Hoy  se celebra el Día de la Paz. Bueno, siendo rigurosos, el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, coincidiendo con la muerte de Ghandi.

Y en este Día de la Paz mi niño de poco un más de un año ha pintado con sus manitas el muro de su colegio.  Quizá, sin darse cuenta, ha puesto un poco de color a estos días tan grises por los que pasa la Tierra.

Con motivo de esta celebración, hace más de veinte años yo escribí un relato que llamé “El camino hacia la Paz”. Mi madre se sintió tan orgullosa de mí que me animó a presentar la historia a un concurso literario.  El certamen no era destinado para niños, pero al que podía presentarme con solo doce años, ya que no indicaba ningún límite de edad.

No fue ninguna sorpresa para mi madre cuando llamaron por teléfono a mi casa para pedirme que acudiera sin falta a la entrega de premios. No me malinterpretéis, no es falta de modestia en absoluto, es el amor de una madre que todo lo magnifica. Y allí que fuimos mi madre y yo a la entrega . No, no gané. Recibí una mención especial que ni siquiera estaba reflejada en las bases, y cuál fue el asombro de los organizadores cuando subí a recibir mi diploma y se encontraron con que era una niña.

Además del diploma, fue la única vez en la que me devolvieron los manuscritos presentados. Leímos los comentarios del jurado., que al parecer había estado muy cerca de entregarme el primer premio. Sin embargo, había algún comentario que hizo que la balanza se inclinará hacia el que finalmente fuera el ganador. Mi madre se indignó y no porque no hubiera ganado su hija, sino porque los comentarios negativos decían que la historia mostraba “falta de madurez en el autor”, que “¿cómo iba pararse todas las guerras del mundo por un día porque niños de todo el planeta mandaran palomas mensajeras pidiendo la paz?”.

Hoy comprendo a mí madre, hoy entiendo su frustración. Le habían dicho a su hija que la paz mundial no era posible, y menos aún de esa manera. Le habían dicho que no lo intentara, que nada iba a cambiar…

Y hoy, un Día de la Paz, más de veinte años después, mi niño, ayudado por sus profesoras, ha pintado con sus manitas el muro de su colegio, y junto a sus amigos han puesto a nuestro mundo un poco de color.

 

Gracias a mi madre, Belle Yagüe, por recordarme siempre que un mundo mejor es posible, y a las profesoras de mi hijo, Rocío y Ana, por ayudarnos a que él lo sepa.

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