Creerás en las hadas

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Creerás en las hadas, me dijo una bruja mientras acariciaba su barriga y me contaba cuentos que nunca necesitó leer.

Pero las hadas no ríen a carcajadas, con la melodía de mil pianos. Las hadas ríen tapando su boca y dejando escapar tímidos ruiditos. Las hadas no te asustan con sus cuentos de asaduras, ni te esconden lo que buscas, para demostrarte después que sí estaba en el cajón del lado de allá. Las hadas no disfrutan ganándote una carrera, las hadas te dejarían ganar. Las hadas no te leen la mente, no te curan la tos, no se sientan a tu lado cuando dices que estás cansada y sin exigirte la verdad remienda a tu oso de peluche o a tu corazón dolorido. Las hadas no convierten una cocina en una pista de baile, no te llaman “pasmá”, no te dan impulso en tu vuelo, a pesar de saberte por ello más lejos. Las hadas no ríen si la bruja lo hace por haberte dicho que con ese culo gordo será difícil despegar.

Creerás en las hadas, me dijo. Y cuando las hadas sostuvieron frente a mí un espejo, allí pude ver a mi bruja.

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